XX Domingo ordinario
XX Domingo ordinario
Haz la
prueba y verás qué bueno es el Señor.
Escúchame, hijo mío:
voy a enseñarte cómo amar al Señor.
¿Quieres vivir y disfrutar la vida?
Guarda del mal tu lengua
Y aleja de tus labios el engaño.;
Apártate del mal y haz el bien;
busca la paz y ve tras ella.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Escúchame, hijo mío:
voy a enseñarte cómo amar al Señor.
¿Quieres vivir y disfrutar la vida?
Guarda del mal tu lengua
Y aleja de tus labios el engaño.;
Apártate del mal y haz el bien;
busca la paz y ve tras ella.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
En el evangelio de hoy, según san Juan, sería
muy difícil encontrar una descripción más gráfica o más sorprendente de la
participación indisoluble de una vida en otra. En hebreo, la expresión
"carne y sangre" significa todo el ser. Jesús no se detiene en decir
que se necesita “comer y beber” de su sangre y cuerpo para tener la vida eterna.
La realidad de la presencia de Cristo en la Eucaristía está más allá de nuestra
comprensión. Se nos pide que no lo comprendamos, sino que lo experimentemos.
"Permanecer en mí" es una frase
que Jesús usa una y otra vez. Él nos invita a tomarlo dentro de nosotros mismos
y ser uno con Él. Entonces tendremos
vida real. Estamos acostumbrados a pensar en que Jesús vive en nosotros y lo
invitamos a entrar en nuestros corazones. Necesitamos meditar en la realidad de
que ya vivimos en el corazón de Jesús. Cuando todo parece ir en la dirección
equivocada, debemos recordar que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en
Jesús.
¿Cómo te sientes cuando lees esta lectura?
¿Si eres lo que comes, cómo debes
ser?
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