XIII Domingo Ordinario

 

                   XIII Domingo Ordinario



Te alabaré, Señor, eternamente.  
Alaben al Señor quienes lo aman, 
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde; 
por la mañana, el júbilo. 
Te alabaré, Señor, eternamente.              Salmo 29

Santo Evangelio: Mc 5, 21-43

En el santo evangelip de este domingo se cuenta dos historias intercaladas de Jesús sanando a una persona que sufría y quebrantada. La primera persona que suplica a Jesús (5:23) es el líder de la sinagoga local, y su hija está al borde de la muerte. Jesús va con Jairo, respondiendo a la necesidad del padre sufriente (5:24).

La segunda historia interrumpe la primera y presenta a una mujer que ha estado sufriendo una hemorragia durante 12 años y busca curarse tocando la ropa de Jesús (5:28). Mientras que la mujer va hacia Jesús y lo toca por su propia iniciativa, es de hecho el contacto con Jesús (5:29) y su confianza en Jesús lo que la sana (5:34). Y la curación no termina con la detención física de la hemorragia. Jesús entonces hace que el público sea consciente de la mujer y la elogia, otorgándole su estatus y restaurándola a una vida plena en comunidad [1], y la reclama como "Hija" (5:34) convirtiéndose en un pariente masculino de la mujer y ponerla en relación con él [2] en lugar de dejar que la mujer se vaya escondida. Además, el discurso directo de la mujer muestra cómo Jesús está más preocupado por satisfacer las necesidades de la mujer y sanar su quebrantamiento que por las convenciones sociales que deberían evitar que Jesús tenga una interacción pública con una mujer sin estatus sangrante.

¿Alguna vez has experimentado una situación o evento que te dejó sin esperanza? ¿Cuáles eran tus opciones? ¿Buscaste ayuda de expertos, amigos o familiares? ¿Buscaste ayuda de Dios?

imagen de: https://interruptingthesilence.com/2012/07/01/no-longer-drained-of-life-a-sermon-on-mark-521-43-proper-8b/

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